martes, 15 de noviembre de 2011

“El empleo fue para mí otra Universidad”

Ramón Minieri
ENTREVISTA A RAMÓN MINIERI: ListAzul.Blogspot.com dialogó con el historiador y poeta, radicado en Río Colorado. Sus vivencias como trabajador no docente de la UNS y la evocación a compañeros queridos. Postales de otra época. La política universitaria en la primera mitad de los ’70. El ejercicio de la Memoria, recordando a víctimas y victimarios. Aquí, la primera entrega.
Ramón Minieri vive en Río Colorado. Sus libros de poemas (País de la sal y Libro de ciudades figuran entre sus últimas obras de poesía sutil) y su labor como investigador (Ese ajeno Sur, un imprescindible volumen sobre la penetración del capital inglés en la Patagonia, fue declarado de Interés Provincial en Río Negro) lo convirtieron en uno de los más destacados intelectuales de la región.
Antes, cuando aún no se había graduado de licenciado en Historia, Ramón se desempeñó como trabajador no docente de la UNS por siete años. En un extenso reportaje con ListAzul.Blogspot.com, rescató nombres y revivió circunstancias, contextos y anécdotas de su paso por el sector. Aquí, la primera parte de la entrevista.
¿En qué periodo se desempeñó como trabajador no docente? 
Ingresé en setiembre de 1968. Buscaba trabajo luego de terminar la colimba, porque la pausa militar forzosa me había ocasionado la discontinuidad de una beca de estudiante, y apenas estaba en mitad de mis estudios de Licenciatura en Historia. Entonces me enteré de que había un llamado a concurso en la Biblioteca Central, para cubrir un cargo de secretario administrativo. Y ahí fui a inscribirme.
Era habitual entonces que los estudiantes ingresáramos como empleados.  Diría que se trataba de una política tácita vigente en la UNS.  Entre los que fueron mis compañeros de trabajo, recuerdo que había una mezcla linda de verse: laburantes veteranos, mayormente técnicos o de maestranza, con jóvenes estudiantes de la propia UNS, de la UTN y del Juancho (el Juan XXIII). Aquellos trabajadores adultos me transmitieron conciencia de clase y de los derechos de los más humildes.  En ese sentido, el empleo fue para mí otra Universidad, en la que aprendí de las vivencias y experiencias concretas de los compañeros.
Esto hacía que los trabajadores constituyeran una administración crítica. El que trabajaba en mantenimiento entendía y podía analizar críticamente lo que hacía ese biólogo que experimentaba para ayudar a la NASA.  Los compañeros del IADO sabían cómo se dilapidaban recursos para hacer cartel, y para mantener la alianza entre una Universidad “ilustre” y la Marina de guerra. Los estudiantes – empleados, o ayudantes de cátedra – empleados, aportaban una visión analítica que se complementaba con la perspectiva de los trabajadores adultos. 
Esto me sacó de la nube de fantasías sociales en que yo vivía. Eran los tiempos del onganiato, después del derrocamiento de Illia.  La UNS tuvo un triste privilegio: fue la única universidad donde el Rector designado por los claustros procuró y aceptó seguir como delegado del general dictador: era Aziz Ur Rahman, un químico que después se fue, y  terminó sus días en Estados Unidos.
Al empezar yo en el trabajo, Rahman había sido sustituido por otro rector, quizás más confiable para el gobierno militar: Manuel Eduardo Gómez Vara, otro químico, venido de Corrientes junto con su mano derecha y eminencia gris, el Lic. Andreau. 
Una anécdota reveladora: en una oportunidad, Andreau visitaba la Biblioteca Central, en tren de inspección administrativa y para conversar con sus directivos. Observó que en un panel ubicado sobre los catálogos (ficheros) se había colocado un cartel con un ejemplo de cómo hacer el pedido de un libro.  Como el libro más solicitado era el de Sadosky, de cálculo diferencial e integral, y el Dr. Manuel Sadosky se había ido de la UBA y del país luego de la Noche de los Bastones Largos, Andreau le indicó al director de la Biblioteca que convenía retirar el cartelito. Y así se hizo, aunque el directivo refunfuñara: “Y qué vamos a poner… el diccionario enciclopédico del licenciado Andreau”…
Ya en tiempos de Rahman la UNS había contratado un estudio para su modernización, con… la Fundación Ford.  Esta fundación dio dinero para equipamiento y libros, y propuso un diseño de administración distinto del histórico de la UNS, más “moderno”, onda empresa yanqui. Los fondos de la FF se manejaban en caja aparte, como si fueran extrapresupuestarios.  La historia de este pacto creo que no está registrada, pero fue algo así como el Plan Larkin de la UNS. Las compras de bibliografía se destinaban casi exclusivamente (y sin casi, por condición de los aportantes) a material de las ciencias “duras” y, en menor medida, obras de referencia. Creo que esto dio sustento a la investigación de los años siguientes, fuertemente conectada con las necesidades del complejo militar industrial yanqui, a través de la maquinaria de las publicaciones académicas o científicas.
En este contexto (Onganía, Gómez Vara, Fundación Ford, incipiente desarrollo investigativo insertado en un proyecto extranacional) fue que comencé a trabajar en la Universidad.
¿En qué sector y cargos se desempeñó en su carrera no docente?
Trabajé siempre en la Biblioteca Central. Primero como secretario administrativo; después como encargado de Reprografía (el sector de impresiones). Por unos meses, después de mayo de 1973, como interventor – director ad honorem.
¿Cómo era en ese momento ser trabajador no docente de la UNS?
El onganiato estaba en su momento de esplendor y de mayor adhesión de los sectores medios y altos. El gremio pasaba por un momento de crisis; los compañeros leales y combativos que habían estado hasta 1968 (el vasco Mario Usabiaga, el negro Rodríguez) fueron desplazados en una elección de la que surgió una conducción “dialoguista”.  Confieso mi pecado: recién llegado y sin entender mucho de nada, acepté un lugar en esa comisión.  Pronto vino el desengaño y mi reubicación – hasta hoy, diría.
Pero en fin, el clima era plomífero.  El gremio, con su nueva dirigencia, había reducido su tarea a la negociación en torno a temas menores, como algunas licencias, a veces alguna remuneración o la ubicación de un cargo… El Lic. Atilio Peralta había sido designado por Andreau como Director de Personal. En cumplimiento del plan de la Fundación Ford, este era un cargo creado para situarlo por encima del Jefe de Personal, que era cargo de carrera no docente. Las mayores discusiones del flamante Director eran con el compañero González, el jefe de personal, de carrera, que le salía al cruce ante cada intento de avance del “colorado” Peralta. Este buscaba por todos los medios recortar las licencias, evitar que los empleados se juntaran en los pasillos o en alguna rueda de mate, instaurar alguna forma de premio a la asistencia… Frente a esto, me parece que hubo una resistencia sorda, que no dejó que el onganiato de la UNS avanzara en la revisión de la condición de los trabajadores.

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